El Pescador.


El pescador era un hombre que se ganaba la vida honradamente. Vivía del comercio.

Las personas casi justas, acostumbraban intercambiar sus mercancías con él, pues era quien tenía la bascula mas precisa de todo el reino.

Tenía una familia, una muy bonita familia. Dos hijos, un apuesto joven de 23 años que estaba estudiando letras para convertirse en un gran poeta, y una niña de 10 años que disfrutaba de las hermosas flores del campo y aprendía con su madre el oficio de la sastrería.

Su esposa, una hermosa mujer que fue entregada a su mano a pesar de su humilde procedencia pues el padre de ésta estuvo maravillado de que un hombre con tan pocos recursos económicos tuviera semejante grado de humanidad, todos los días le besaba en los labios y cantaba para él. El pescador le daba pequeños obsequios cada que podía para seguir alimentando su amor. Ademas de que siempre guardaba lo mejor de su pesca para su familia, mas no para él.

Un hombre bondadoso que ayudaba a los ancianos a transportar sus pesadas cargas y representaba pequeños monólogos para hacer reír a los niños del kiosko. El pescador era reconocido en todo el reino por su solidaridad y su tolerancia. Siempre era el primero en ofrecer su mano, el poco dinero que le sobraba, las pocas energías que le quedaban.

Un día, el rey estando a punto de morir, y al no tener descendencia, pidió a sus leales consejeros que le mostraran al mejor hombre para gobernar que viviera en su reino.

La orden de los 12 consejeros decidió infiltrarse entre los aldeanos y así encontrar al hombre mas justo, bondadoso, honrado y que estuviera dispuesto a ver por su gente antes que por sí mismo.

Pasaron algunos días y los consejeros se reunieron.

-El pescador es la mejor opción para este reino. -Dijo el primero.

-Sin duda alguna, el pescador es el mejor para el puesto. -Comentó el segundo.

-No hay hombre mas humano que el pescador. -Predicó el tercero.

Y así uno a uno de los consejeros fueron dando sus motivos para que el pescador fuera el rey. Sin embargo, en la esquina de la mesa, el consejero numero 12, que acostumbraba siempre a estar muy callado y siempre era el último en opinar, escuchaba como todos estaban de acuerdo entre sí. Hizo una mueca de desagrado, se puso de pie lentamente y ante la mirada de los otros consejeros dijo:

-Hermanos, ¿Soy el único de los presentes que cree que el pescador es el menos indicado para ésto?

Los 11 consejeros se voltearon a ver unos a otros con mucha sorpresa. Hasta que uno dijo:

-No hay mejor persona que el pescador para gobernar el reino.

-¿Y quien lo dice? – Preguntó el consejero numero 12.

-¡Todos! ¡Todo el reino lo dice! – Gritaron varios al unisono.

El consejero numero 12 se sentó, bebió un sorbo de su copa de vino y  miró fijamente por unos segundos a cada uno de los consejeros. Luego prosiguió. -Hermanos consejeros, ¿Alguno de ustedes se tomó la molestia de pedirle su opinión a los peces?

Los consejeros se vieron unos a otros con cara de horror, sintiéndose unos desconsiderados por no preguntarles a los peces que era lo que ellos pensaban del pescador como su rey.

Y es así como el carpintero se convirtió en rey, pues al menos los árboles no pueden hablar.

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