Empatía.


Camino por esta habitación y lo miro. Está tan lleno de rabia que me transmite todo su coraje. En un instante, mis venas arden de enfermizo placer.

Ya no quiero observarlo… Volteo a la derecha y ahí está él. Viéndome con ojos cansados, llorosos y llenos de verdades tormentosas.  Diviso sus facciones desastrosas y pareciera que el dolor es parte de su rostro. Ahora yo he comenzado a llorar, sin derramar ni una sola lágrima. Créanme cuando les digo que no hay peor castigo que agonizar sin poder derramar las siempre liberadoras lágrimas. 

Giro bruscamente a otro lado tratando de escapar de ellos, pero me percato del miedo que otro más siente. Los escalofríos me invaden, la desesperación se vuelve parte de mi mente y la paranoia clava sus garras en mis delirios trastornados por la miseria emocional.

¡Pero no lo entiendo! ¡¿Cuál es el problema que destroza a estos compañeros sin suerte?!

Sólo un instante de silencio para entenderlo… Ya comprendo. Al parecer todos están enamorados.

¿Enamorados? Oh, que horrible desdicha la que sobre ellos ha caído. Enamorarse cuando eres preso de resentimientos, miedos y tristeza suena tan… Irreal. Pero que inocente pensamiento, si lo irreal es parte de la mente desquiciada de cada uno de estos seres que se ahogan en locura. ¿Será que hay varios tipos de locura? ¿Será acaso que la locura es solo una y se manifiesta de diferentes maneras?

¡Basta! ¡Ya no quiero mirar!

Sera mejor que salga de este cuarto de espejos…

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