Y luego no me pregunten por qué estoy de malas. (Introducción y Capítulo 1: Yo Vegetariano).


Introducción:

Últimamente mis amigos me han dicho que siempre estoy de malas. Bueno, esas palabras tienen algo de mucha verdad. Cierto día me puse a razonar y llegué a la conclusión de que sí, siempre estoy de malas, pero tengo razones para estarlo.

Y así empezaré con esto, describiendo y dando los motivos por los cuáles mi humor no es precisamente el más tranquilo. Léanlo y luego no me pregunten por qué estoy de malas.

Capítulo 1: Yo Vegetariano

Sí, soy vegetariano. Y con ello vienen un sin fin de situaciones que, al parecer, no son tan graves, pero que poco a poco van llenando una bolsita de piedritas que terminan por pesar en mi humor.

Y es que siendo vegetariano he tenido que aguantar comentarios, burlas, dolores de estómago (ya entenderán por qué) y un montón de preguntas que se repiten una y otra vez.

Mi problema no es ser vegetariano, sino la gente que se lo toma demasiado a pecho. Porque quieran o no, nosotros los vegetarianos tenemos que soportar y soportar. Se convierte en un plato de día a día.

Tengo que soportar los clásicos chistes de los tacos.
“-Oigan, vamos por unos tacos.
-Vale, pero ¿y Simantra?
-Él que se prepare unos de cilantro con cebolla”.

Tengo que soportar a la señora que en la fiesta le pone pollo a mi mole porque el pollo no es carne, ¿o sí?

Tengo que soportar las preguntas de la gente “Si eres vegetariano, ¿por qué estás gordo?”, “Si eres vegetariano, ¿por qué estás tan alto?”, “¿Y qué comes?”, “¿Apoco comes leche y huevo?”, “¿No pasas hambre?” y muchas más.

Tengo que soportar que nos llamen mamones porque no dejamos que la señora de las quesadillas gratine nuestros hongos con el comal manchado de chorizo, chicharron, tinga, etc.

Tengo que soportar que cuando digo que tengo hambre, algún chistoso señale un árbol, arbusto, flores, etc y diga “Ahí hay buffet”.

Tengo que soportar que cuando alguien no quiere invitarme de lo que come, use el pretexto de “tiene carne”.

Tengo que soportar que me digan que algo no tiene carne, cuando sí lo tiene y eso derive en un dolor de estómago terrible.

Tengo que soportar tener que explicarle a la señora de los elotes por qué no puedo comer caldo de pollo aunque “no tenga carne”.

Tengo que soportar que tachen mi comida de insípida.

Tengo que soportar que cuando pedimos pizza, por muy carnívoros que se digan, se termina primero la pizza de champiñones.

Tengo que soportar los estereotipos de que, por ser vegetariano, soy ambientalista o soy predicador de los animales.

Tengo que soportar que traten de antojarme su comida describiendo la grasa y la sangre que escurre de lo que comen.

Tengo que soportar que la gente empiece sus conversaciones conmigo diciendo “yo una vez intenté ser vegetariano pero no pude”.

Tengo que soportar que me pongan imágenes en Facebook y que rara vez pongan una diferente.

Tengo que soportar que me pidan tips para hacer comida y que terminen dudando si “sabrá bien”.

Tengo que soportar que alguien sea lo suficientemente gracioso como para decirme “¿Sabías que (inserte nombre de lo que estoy comiendo) tiene carne?”.

Tengo que soportar no poder regresar la ofensa porque los que comen carne son mayoría.

Tengo que soportar que las mamás de mis amigos se preocupen porque “no saben que darme de comer”.

Tengo que soportar que mi comida en casa ajena terminen siendo quesadillas.

Tengo que soportar que intenten ofenderme diciendo que sólo como plantas, alfalfa, pasto o lo que se le parezca.

Tengo que soportar a los “médicos” y “nutriólogos” que afirman que la carne es indispensable para vivir.

Tengo que soportar a otros vegetarianos juzgándome por tomar leche.

Al final, yo no decidí ser vegetariano. No soy diferente del niño al que bautizan y obligan a ser católico. Mis padres me hicieron vegetariano desde pequeño y así crecí. Soportando y soportando. Pero por más ademanes de delicia que hagan al describir una hamburguesa, seguiré siendo vegetariano, porque sencillamente me siento bien. Nunca he tenido necesidad de siquiera probar la carne.

Ustedes sigan haciendo sus comentarios, sus preguntas y sus chistesitos.

Y luego no me pregunten por qué estoy de malas.